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Capitulo 9: La Noche de los Humanos

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Video: CWFGEpxFbNk Lineas principales: Lex, Petyr, Lunaria, Benjamin, Corbus Aleri (nuevo), Jin Midnight (nuevo) Fecha de emision: 2025-11-20


El relato hasta aqui

Antes de que la noche empiece, el narrador reune a los jugadores veteranos y les pide que recapitulen sus historias para los recien llegados. Es una tradicion de mesa, metaconversacion entre personas sentadas frente a sus pantallas, pero lo que dicen contiene el peso de todo lo anterior.

Lex habla primero. Profesor del clan Brujah, convertido a escondidas por su sire el Profesor Artes sin permiso del principado. La mascarada lo amenazzo de muerte: entregala cabeza de Artes o muere. Fue a buscarlo. Fallo. Lo llevaron a juicio ante la Princesa y sobrevivio de milagro, obteniendo una segunda oportunidad. Ahora duerme en la casa de Severino Duarte, el Regente Tremere, en una cama sin colchon dentro de una habitacion blindada contra la luz. Espera cumplir un pacto que todavia no ha podido honrar.

Alan habla por Petyr. Nosferatu amnesiaco que desperto en una cripta-biblioteca enterrada bajo el Cerro Renca. Fue reconstruyendo su pasado de a retazos: Galaz, un viejo conocido de tiempos que no recuerda bien; Fray Hernando de la Noche, su sire, herido y distante. Descubrio dos portales sellados con hechizos Tremere en su guarida. Galaz lo mando a buscar a alguien que pudiera abrirlos. Ese alguien lo trajo hasta la casa de Severino. En lugar de llamar a la puerta, Petyr se infiltro, sorteo los sistemas de seguridad, y se escondio debajo de la cama donde duerme Lex. Ahi lleva horas. Esperando el momento de actuar.

Saikias habla por Lunaria y Adam. Lunaria es la alumna humana de Lex, la chica que por escuchar una conversacion que no debia oir se cayo de lleno en el mundo de la mascarada. Estuvo a punto de morir en el juicio de la Princesa. En cambio fue entregada como propiedad a Severino: trabajadora de su biblioteca, aprendiz forzada, testigo de cosas que ninguna mortal deberia ver. Algo cambio en ella despues del juicio. Ve las cosas distinto. Siente cosas que no tenia nombre para nombrar. Adam es el otro lado: vampiro Toreador que quiere seguir siendo humano, que vive con su hermano Luis en el Loft, que odia a Yolanda con una ferocidad que no del todo entiende. Hace poco, Yolanda tuvo convulsiones. Hubo un forcejeo. Una ventana abierta. Y Yolanda desaparecio.

Natu habla por Benjamin. Ex-rebaño Tremere, humano que paso su infancia siendo alimento y sujeto de experimentos hasta que una noche agarro sus pasos y se fue sin mirar atras. Se encontro con Don Eladio, un verdulero, que le dio pan y abrigo. Yolanda lo invito al Loft como artista en residencia. Empezo a entender que el mundo tenia capas que el no conocia, y que algunas de esas capas tenian colmillos.


I. Corbus Aleri: el que conversa con las voces

La biblioteca abandonada huele a humedad, a papel muerto y a algo organico que no tiene nombre preciso. En el sector poniente de Nueva Babylon, donde los edificios industriales llevan decadas sin mantenimiento y las veredas se quiebran sin que nadie las repare, hay un bloque que la ciudad fue olvidando de a poco. Uno de sus pisos fue biblioteca municipal hasta los anos ochenta. Despues fue deposito. Despues fue nada.

Corbus Aleri lo convirtio en lo que necesitaba: un refugio donde los muros le pertenecen, donde las cucarachas no molestan porque el las conoce a todas, donde las ratas duermen cerca de sus pies y no huyen. Es la unica clase de calor que existe para alguien como el.

Esa noche, como todas las noches, la conversacion empieza antes de que el despierte del todo.

—Hasta cuando van a vivir aqui. Una voz. Tono de reproche.

—Por que no. Es gratis. Tenemos mascotas. Su propia voz, o algo parecido.

—Las cucarachas nos pueden escuchar.

—Son parte del gobierno. No hablemos mucho.

—Pero, y las cucarachas, existen?

Esta clase de debate puede durar horas. Corbus lo sabe. En algun momento siempre gana la voz mas fuerte, la que tiene mas urgencia, la que viene del sitio donde se juntan el hambre y la paranoia. Esta noche esa voz dice: salgamos. Las palomas son drones. TikTok es malo. Los cerebros. Tenemos hambre. Salgamos ya, pero sin comer paloma esta vez.

Corbus se levanta. Se asegura de que Roberto este donde siempre: el craneo descansa sobre una pila de libros, mirando hacia la ventana con sus orbitas vacias. Roberto sabe cosas que Corbus todavia no ha logrado articular del todo. Lo mira. Le hace un gesto imperceptible. La voz interna interpreta: el tambien esta de acuerdo. Es hora de salir.

Camina por las calles de Nueva Babylon con el paso de alguien que no sabe exactamente a donde va pero esta completamente seguro de que sus pies conocen el camino. Un exito en la tirada de callejeo mas percepcion: los sentidos afinados como solo se afinan despues de decadas de existencia nocturna. La ciudad lo lee. El la lee a ella.

El Isabelisimo aparece en una esquina, empujando un carrito que nunca tiene nada adentro. Es un hombre alto, con un panelo en la cabeza y una falda sobre los pantalones. En otra vida fue doctora y monja franciscana, segun el. En esta, recorre el mismo perimetro de doce cuadras todas las noches, hablando con los lamparines.

—Usted antes fue arcangel. Pero ahora es demonio con escrupulisimos.

Corbus lo mira. En sus ojos algo se enciende.

—Ven. Tengo que mostrarte de verdad.

La manipulacion es mas facil cuando la victima ya vive en su propio universo de signos y senales. Corbus camina a su lado, tejiendo la tela: nanotecnologia en las vacunas, microchips en la sangre, los empleadisimos que controlan los sistemas. El Isabelisimo lo escucha con la atencion total de quien finalmente encuentra a alguien que comprende.

—Y como me la saco?

—Acompaneme. Yo te voy a ayudar.

Lo lleva a un callejon. Antes de proceder, una pequena introduccion: Roberto. El craneo descansa en sus manos, y Corbus lo sostiene con ceremonia, como una reliquia.

—El lo sabe todo. Pero no lo perturbes porque puede que te mire mucho.

El Isabelisimo asiente, intimidado y fascinado en partes iguales. Corbus le toma el brazo, busca la vena con dedos que conocen la anatomia de la supervivencia. Murmura, toquetea, finge auscultar algo que el vagabundo no puede ver.

—Ajá. Aca esta.

Dos puntos de sangre. La escena perfecta: el loco convencio al otro loco.


II. Jin Midnight: el penthouse y la invitacion

En el penthouse del edificio Orion, torre de vidrio en el limite donde el barrio industrial empieza a convertirse en otra cosa, Jin Midnight despierta como despierta siempre: con precision.

El departamento esta en orden. Sus libros de historia alineados por periodo. Sus cuadernos de bocetos apilados por fecha. En la mesa de centro, sobre el marmol frio, hay un sobre de papel grueso. Lo reconoce antes de abrirlo: papel verjurado, sello en lacre bordeaux, caligrafia firme.

Leon Benedetti tiene el placer de invitarlo a su galeria de arte a disfrutar de la coleccion de arte vampirico del siglo XX.

Jin lo lee dos veces. Deja el sobre en su lugar exacto y va al espejo.

El espejo no lo refleja, pero el ritual es el mismo de todas las noches. Se para frente al vacio y habla con el, porque la perfeccion no es una llegada sino una practica continua. La temporada: primavera. Los colores del invierno ya no sirven. Pantalon negro, camisa celeste. Un pequeno quiebre de la rigidez habitual que sin embargo mantiene la sobriedad. Los guantes, siempre. El collar de onix negro, la lagrima colgante que lleva desde hace mas tiempo del que puede recordar con claridad.

Llama a Alfonso.

—A la galeria.

El Citroën avanza por calles que se van haciendo mas angostas a medida que se acercan al sector que la gente pituca llama ahora el barrio nuevo, aunque no tiene nada de nuevo. Edificios industriales con fachadas pintadas. Cafes que cierran tarde. Una galeria en la planta baja de un ex-deposito de textiles, con luz calida filtrando por los ventanales.

Al bajar del auto, Jin se detiene en la entrada. No porque le importe la escenografia. Sino porque algo tira de su pecho. Una presion leve, como si el collar estuviera vivo, como si quisiera moverse. Lo registra. Lo guarda.

Entra.

Alerta mas percepcion, cinco exitos. La sala se abre ante el como un mapa que puede leer de una sola mirada: los humanos estan aqui, aqui, aqui. Algunos son rebaño, potencialmente. Otros podrian ser gules. En un Eliseo las reglas son neutralidad, pero la naturaleza de cada uno no desaparece solo porque haya una tregua declarada.

Pinturas. Esculturas. Instalaciones. Arte vampirico del siglo XX: la estetica de quien sabe que existira para ver como el siglo siguiente empieza y termina.

Jin saca la libreta.


III. Petyr: los relojes y la capa

La casa de Severino Duarte suena. Relojes de pie diseminados por cada habitacion, cada uno levemente desalineado del otro, crean una polifonia de tics que llena el silencio sin llenarlo del todo. Para quien duerme ahi con regularidad, el sonido se convierte en fondo. Para Petyr, que desperto debajo de la cama de un extrano en la casa de un mago antiguo donde no tiene ninguna razon documentada de estar, cada tic es una palabra en un idioma que no domina.

Humanidad nueve: despierta primero.

El plan era simple. Salir de debajo del catre antes de que el ocupante se despertara. Arrastrarse hasta el pasillo. Localizar al Tremere. Hablar con el de forma directa antes de que nadie pudiera intervenir. Los portales sellados en la cripta del Cerro Renca esperaban. Galaz habia dicho que solo un Tremere podia abrirlos. Petyr habia llegado hasta aca.

Sigilo mas destreza, dificultad nueve. Un exito. Suficiente para escabullirse debajo del catre.

No suficiente para la puerta. Sus andrajos, acumulacion de decadas de existencia subterranea, se atoraron en el marco. El sonido fue minimo. Pero en una casa llena de relojes, cualquier sonido que no sea reloj resulta ensordecedor.

Lex despierta sobresaltado. Ve una tela sobresaliendo de la puerta. Piensa: alguien entro. Piensa: los Tremere son raros. Agarra el trapo. Abre.

Se encuentra frente a un ser horrendo.

Hay un momento, brevissimo, en que los dos se miran. Nosferatu y Brujah, el deformado y el disimulado, debajo de la misma tregua provisional que no ninguno de los dos eligio. Ese momento dura lo que tarda Lex en reaccionar.

—Quien eres. Tu no eres Tremere.

Y se abalanza.

Forcejeo: dos exitos. Lex agarra la seccion de capa que tenia en la mano y en el mismo movimiento trata de envolver a Petyr, de cubrirle la cabeza, de inmovilizarlo sin hacerle dano porque lo que menos necesita en este momento es un incidente diplomatico en casa de su anfitrion. Resistencia de Petyr: falla. Se come el contundente. La capa lo envuelve. El suelo.

—Calmate. Yo no quiero pelear.

Severino aparece.

El Regente Tremere no hace ruido cuando camina. Uno de esos detalles que solo notan quienes estan prestando atencion a las cosas equivocadas. Llega al umbral de la habitacion, ve la escena, evalua. Luego agarra a Petyr del cuello con una fuerza que no corresponde a su cuerpo: ancla, flaco, los huesos visibles bajo la ropa oscura. Sus dedos son de hierro.

—Donde esta. Donde esta el dial. Donde esta la ampolla.

—No se de que me hablas. Sueltame.

—Donde esta la ampolla.

La sangre de Petyr empieza a calentarse. No de manera figurada. Dentro de su cuerpo muerto, la sangre heredada que lo sostiene comienza a elevar su temperatura. Si tuviera piel capaz de sudar, sudaria. Sus ojos empiezan a hervir, una sensacion que no tiene analogia en ningun dolor mortal que haya conocido. Taumaturgia: el cuerpo como campo de batalla, la sangre como palanca.

Petyr tira una patada para zafare. No pasa nada.

Lex interviene con todo lo que tiene en oratoria: —Tranquilo. Creo que dice la verdad. El estaba aca. Lo escuche cuando salio.

Y mientras habla, ve algo que detiene su argumento a medias. Severino, el hombrecito flaco y chupado, empieza a crecer. No fisicamente, o no solo fisicamente. La oscuridad del pasillo se mueve hacia el como si fuera suya, como si siempre lo hubiera sido. Su silueta toma una dimension que no cabe en el espacio que ocupa. La voz resuena con una profundidad que no tiene nada que ver con el volumen:

—Te metiste en la cueva del lobo y no sabes lo que estas haciendo.


Severino agarra a Petyr del cuello — «te metiste en la cueva del lobo»

Coraje dos. Petyr no puede resistir. Sus rodillas tocan el suelo antes de que decida nada. El terror no viene de afuera: viene de un lugar mas hondo, el lugar donde el instinto de los siglos sabe reconocer a algo mucho mas viejo y mas peligroso que el. Si fuera humano, el narrador sentencia, te hubieras cagado encima.


IV. La expulsion y el aura

Severino tira a Petyr a un lado como se tira un papel arrugado. La sentencia llega antes de que el Nosferatu pueda reincorporarse:

—Deshaganse de el. Tenemos cosas mas importantes que hacer.

Lunaria aparece en el umbral. Ha estado escuchando desde detras de la pared, con la precaucion de quien aprendio rapidamente que en esta casa la informacion tiene precio. Evalua la situacion en un segundo y avanza:

—No te preocupes. Yo me hare cargo.

Lo agarra. Lo arrastra hacia la salida con mas determinacion de la que Petyr esperaria en una humana. En el camino, en voz baja, sin mirarlo a los ojos todavia:

—No se quien eres, pero si tu te deshiciste de la ampolla, te debo un favor.

—No se de que hablas.

—No, no tengo interes de hablar contigo.

Lex sale detras. Astucia mas ocultismo, un exito: por la vestimenta, antiguedad. Por el comportamiento, aturdimiento. Un vampiro viejo que no actua como vampiro viejo. Esa disonancia tiene nombre, pero todavia no lo sabe.

Lunaria usa su don.

Es la primera vez que lo usa de manera deliberada, con plena conciencia de lo que esta haciendo. Percepcion mas ocultismo, cuatro exitos, el sexto sentido bajando la dificultad como corresponde. El aura de Petyr se abre ante ella como un libro escrito en un idioma que acaba de descubrir que puede leer:

Asustado. Confundido. Antiguo, si, pero con una intensidad apagada, menor que la de Lex. Como si algo en el hubiera sido atenuado. Y lo mas inquietante: craquelados negros en el aura, grietas que atraviesan el tejido luminoso como fracturas en ceramica antigua.

—No tengas miedo. Al igual que tu.

Esa frase lo detiene. Petyr la mira por primera vez como si la viera.

—No necesito su ayuda. Lo unico que necesitaba, por tu culpa, ya no lo puedo tener.

Lex dice: —Mi culpa. Tu estabas debajo de mi cama. Tu estabas metido donde no corresponde.

—Escuche todo. Estas sacrificando todo por una humana.

—Le debo mi vida mas de una vez. Da lo mismo si es humana, vampiro, gul. Le debo mi vida.

El intercambio tiene el tono extrano de dos personas que acaban de tener una pelea y ya estan en la parte donde podrian seguir peleando o podrian, quizas, empezar a entenderse. Lunaria ofrece la conexion con Severino a traves de ella misma. Petyr vacila.

—Necesito hablar directamente con el. No puedo compartir informacion con ustedes.

—No tienes que compartirnos informacion. Pero si quieres llegar a el, no puedes hacerlo metiendote en su casa sin decirle a nadie, escondiendote, y mas encima siendo atrapado.

Una pausa larga.

—No, no, no. Olvídenlo. No necesito su ayuda.

Y empieza a caminar, alejandose.

Lex llama a Lunaria. Cuando los dos miran hacia la casa para escuchar la voz de Severino, duran solo unos segundos con la atencion desviada. Al volver, lo que era Petyr se confundio con la sombra y ya no lo pueden ver mas. El Nosferatu se disolvio en la oscuridad de la calle como si siempre hubiera sido parte de ella.

Adentro, Severino da la orden que mueve lo que viene:

—Mataron a ese hijo de perra. Se deshicieron del ferato. Ya no va a ser un problema. Ahora: necesito que vayan a buscar una ampolla que se robo. Tengo toda la idea de que fue uno de mis gules. Una ampolla de sangre en un frasco de vidrio. Lex, anda tu.

—A sus ordenes.

—Y de camino agarra una botellita de sangre.

—Lo que usted disponga.

Parten.


V. Benjamin: la etiqueta colgando

En el Loft de artistas, la manana habia sido extrana. Isaac encontro a Luis primero: sentado, parandose, caminando, subiendo la escalera, bajando, sujetandose la cara, repitiendo el ciclo sin lograr salir de el. La bata era de mujer, y en la angustia de la noche anterior nadie habia notado que Luis la habia agarrado sin pensar.

Isaac llega a Benjamin con la cara del que trae malas noticias.

—Benjamin, no se como decirtelo, pero Yolanda esta desaparecida.

Benjamin lo mira. Mira a Luis. Mira hacia la ventana.

—Que paso?

Isaac reconstruye lo poco que sabe: Yolanda tuvo convulsiones. Adam trato de ayudarla, parecia saber como tratar con alguien en ese estado. Algo paso. Ella se lanzo por la ventana. Cuando fueron a buscarla abajo, no habia nadie. Sin noticias. Sin rastro.

Luis sigue caminando en circulos, la bata arrastrando en el suelo.

Benjamin propone buscarla. En ese momento, alguien pone la llave en la puerta.

La puerta se abre.

Yolanda entra.

Se ve radiante. Alta por los zapatos que lleva, con un talle regio que Benjamin no le conocia. Hermosa de una manera que no es solo estetica sino que tiene peso, que ocupa espacio. Los mira a todos como si la escena no tuviera nada de extrano y dice:

—Y ustedes no se acuerdan que hoy dia hay evento, hay exposicion? Vayan a arreglarse.

Y pasa caminando hacia su habitacion. La puerta se cierra. Se escucha la llave desde adentro.

Luis golpea. Llama. Suplica.

Benjamin tira investigacion mas percepcion: tres exitos. Primero, la ropa. Nunca la habia visto con ropa tan cenida, ni tan cara. Pero lo que lo congela es el detalle: la etiqueta del vestido colgando todavia, la etiqueta de la tienda, recien comprado, todo nuevo. En el cuerpo de alguien que habia desaparecido la noche anterior.

Isaac se acerca: —Oye, esta con la etiqueta puesta todavia.

—Vestido nuevo. Pero si tenia la etiqueta puesta todavia. Muy caro, aparte.

La puerta de la habitacion se abre un momento. Yolanda esta adentro con lenceria que Luis nunca le habia visto. Espectacular. Increiblemente hermosa. Luis se desmorona frente a ella, intenta hablar de lo de anoche. Yolanda lo mira como si hablara de algo que sucedio en otro universo:

—Ya, huevon. Sale. Dejame vestir. Anda a arreglarte que tenemos que ir a la galeria.

—Pero, pero Yolanda—

—Ponte una corbata.

Y le cierra la puerta en la cara.

Benjamin se queda con esa imagen: la ropa nueva, la etiqueta, la transformacion que no corresponde a alguien que sobrevivio lo que Luis describe. El conoce el mundo vampirico. Conoce lo que ese mundo le hace a la gente. Empieza a sumar.

Se va a su habitacion. Abre el cajon donde guarda la estaca que tallo desde que llego al Loft, un palo de arbol convertido lentamente en algo util, con paciencia de quien sabe que el dia en que la necesite no va a haber tiempo para buscarla. La guarda en el pantalon. Sigilo mas carisma: exito. Solo se ve dotado.


VI. Las calles: Corbus busca actividad vampirica

El Isabelisimo lo sigue por tres cuadras despues de la escena del callejon. Sigue hablando. El Santo Grial esta en Santiago, dice. En la casa del senor Yave Sabot. Solo los de la mesa del Rey Arturo pueden beberlo.

Corbus sonrie y sigue caminando. En sus manos, Roberto. En su cabeza, las voces. Buscando una senal, alguna senal, algo que diga adonde llegar esta noche.

Las voces le recuerdan al escribano. Un hombre cuyo libro remocio algo en las capas internas del delirio, donde las teorias mas disparatadas colindan con verdades que nadie mas puede ver todavia. El libro tenia pasajes sobre demonios, sobre brujas, sobre cosas que solo deberian conocer quienes han vivido suficiente para verlas de cerca.

El escribano sabe cosas. Hay que encontrarlo.

El narrador dibuja la opcion: los Eliseos son conocidos en la sociedad vampirica. La galeria de Benedetti, Ventrue del principado, barrio en gentrificacion, Santiago Centro. Ahi. Corbus avanza.

Al llegar, sin detenerse a evaluar el contexto ni el momento, a plena voz:

—Escribano! Estas por aca?

Un hombre se gira. Lo mira. Retrocede.

El carisma falla. Cero exitos. El escritor se aleja.

Corbus no se inmuta. Cambia de estrategia. Se acerca al escritor con el paso de quien tiene todo el tiempo del mundo, que en cierto sentido es verdad. Le pone una mano en el hombro. Su mirada queda fija. Dementacion 2: Toque de Locura. Manipulacion mas empatia, dos exitos. Tan casual, tan natural, que el narrador lo exime del chequeo de sigilo. Fue como un susurro. Como si le hubiera puesto un gusanito en la oreja.

El escritor parpadea. Algo cambio.

—Tu tambien los ves?

—Conoces a Jin?

—Conozco a Jin. Conozco a Ron, conozco a Whisky. Pero debemos salir de aqui. Nos estan observando.

—Buscalos.

Corbus se aleja. Le planto una idea. Le abrio una puerta. Lo que el escritor haga con eso ya no le pertenece a el. O si le pertenece, de una manera que todavia no puede articular pero que las voces ya estan discutiendo en voz baja.


VII. Jin y el collar de onix

En la galeria, con la libreta abierta y el ojo entrenado en siglos de estetica, Jin sondeaba la sala cuando algo lo interrumpe.

No es un sonido. Es una presion. Un peso en el pecho que no existia antes de entrar. El collar de onix negro, la lagrima colgante que lleva siempre, se mueve. No mucho. Solo lo suficiente para levantar la camisa levemente, como si alguien tirara de el desde adentro.

Ocultismo mas percepcion: dos exitos. La tela de la camisa se tensa en una direccion. El pendiente no oscila como deberia oscilar un pendiente. Se queda quieto apuntando hacia un lugar fijo, como brujula.

Jin observa. En el camino hacia lo que sea que el collar quiere mostrarle, una mujer choca contra el. Alta, bella, con una mirada que podria cortar vidrio. Lo mira de arriba abajo con el desprecio exquisito de quien lleva siglos cultivandolo.

—A ti no te conocia. Veo que eres porfiado.

Jin se presenta con toda la cortesia que el clan Toreador puede generar. Un exito en carisma mas expresion. La mujer lo mira como si acabara de decirle una obscenidad.

—Te dare de color. Pregunta por Yolanda.

Y se va.

Jin anota el nombre. Yolanda. Lo guarda en la pagina del cuaderno junto a los bocetos de la noche. Luego vuelve al collar.

La brujula lo lleva hasta el centro de la sala principal. Ahi, rodeada de pinturas y esculturas, hay una instalacion que no encaja con nada de lo que rodea: una fuente en miniatura, escala de parque, mecanismo ciclico, la sangre que sube y la sangre que baja, perpetuamente. La leyenda al lado dice:

Tecnica mixta. Asistencia Tremere. Autor: La Rosa. Siglo XX.

El collar orbita. Da vuelta alrededor de la fuente como planeta capturado por la gravedad.

Academicismo mas inteligencia: el estilo imita las fuentes europeas del siglo XVI, romanticismo tardio, formas que el Renacimiento italiano usaba para las plazas publicas. Pero ademas del mecanismo magico que la activa, la fuente guarda algo mas: un residuo emocional de su creador, un implante afectivo que sobrevivio siglos y sigue latiendo dentro de la obra.

Jin saca la libreta y dibuja todo lo que puede ver.


Corbus y Jin frente a la fuente de sangre Tremere en el Eliseo


Jin Midnight dibuja la fuente de sangre Tremere — el collar de onix apunta como brujula

Mientras dibuja, llega Corbus.

No es que llegue Corbus de manera subrepticia. Corbus nunca hace nada de manera subrepticia. Llega hablando solo frente a la fuente de sangre, acariciando un craneo, mirando la instalacion con la cabeza levemente inclinada. Las voces debaten si los duendecillos que bailan sobre la cuerda invisible entre el pecho del Toreador y la fuente son reales o son representaciones de algo mas profundo.

Jin lo observa. Un Malkavian. Perfil bajo: inexistente. Potencial de incidente diplomatico en un Eliseo: alto.

Se acerca. En voz baja, proxima, solo para el:

—Estimado Malkavian, podria ser un poco menos activo. Me puedes arruinar la caceria de esta noche.

—Malkavian? Que es un Malkavian?

Los dos se miran. Jin suspira levemente, la unica concesion que se permite.

—Solo habia leido sobre estos dolores de cabeza que son ustedes. Pero que es lo que deseas? Yo te podria ayudar en algo, pero por favor trata de cerrar la boca.

—Amigo, tu sabes que estamos medidos aca. Tu sabes que esto lo controlan los poderes facticos.

—Que quieres conseguir aqui?

—Podrías alentarme, buen amigo—

—Quiero saber tu nombre.

—Corvoeris, para servirle, senor escribano.

—Que burda imitacion de Dante.

Pausa.

—Me gustaria que trates de ser un poco menos activo. Ya veo que tienes intenciones de seguirme y no dejarme en paz.

—Eras tu. Lo sabia.

—Me gustaria discutir algunas teorias de tu libro.

—Lo hare siempre y cuando seas un poco mas tranquilo.

—Quieres que sea recatado?

—Me sorprende que sepas esa palabra.

—Te sorprenderia lo que yo se.

Una tregua incomoda y operativa. Corbus promete compostura. Jin acepta la condicion con reservas. Los dos se vuelven hacia la fuente de sangre. La noche continua.


VIII. Benjamin en la galeria: pinturas de Cain

El evento es la galeria de Benedetti. El plan es: todos van. Luis se arregla con lo poco que tiene, devastado pero funcional. Benjamin no tiene ropa, asi que Isaac le presta una camisa que le queda chica porque Isaac es flaquito. Benjamin se ve hipertrofiado, como alguien a quien la ropa le quedo pequena antes de terminar de ponersela.

Pero lo que importa no es la camisa. Es la estaca en el pantalon, oculta con exito gracias al sigilo y al carisma.

La galeria lo golpea de una manera que no esperaba. Hay pinturas cuyo tema central es Cain. No Cain el personaje biblico, sino Cain el primer maldito, el que cargo con la marca, el ancestro de todo lo que esta en esta sala fingiendo ser arte. Cada pintura lo muestra distinto: en algunos cuadros es figura humana, en otros es sombra, en los mas abstractos es solo la marca misma, replicada hasta perder forma pero no intensidad. Varios estan hechos con sangre real. No es metafora.

Benjamin se pone serio. Los recuerdos de Vietnam, dice el narrador. Pero mantiene la compostura.

Empatia mas percepcion, cero exitos. No ve lo que Corbus ve: el duendecillo posado en los hombros de un vampiro que lo mira fijamente desde el otro lado de la sala. Lo que si ve Benjamin es la sala en si: el arte, los vampiros moviendose entre las obras con la naturalidad de quienes saben que todo esto fue hecho para ellos, y los humanos mezclados que no siempre son lo que parecen.

Luis esta ahi. Con corbata, tal como Yolanda ordeno. Mirandola a ella desde el otro lado de la sala con la expresion de alguien que no entiende que fue lo que cambio pero sabe con certeza que algo cambio.

Yolanda brilla. Eso es lo extrano: no parece perturbada ni fragmentada. Parece llegada, completa, como si la version anterior de ella hubiera sido siempre un borrador.


Personajes presentes

  • PCs: Lex, Petyr, Lunaria, Benjamin, Corbus Aleri (NUEVO — Malkavian, conspiranoico, habla con voces, refugio en biblioteca abandonada, craneo Roberto), Jin Midnight (NUEVO — Toreador, ilustrador e historiador, vive en penthouse, collar de onix)
  • NPCs: Severino Duarte (agarra a Petyr del cuello, exige la ampolla, usa taumaturgia, "te metiste en la cueva del lobo"), El Isabelisimo (vagabundo de la tiendita, "usted fue arcangel"), Isaac (cuenta a Benjamin sobre Yolanda), Luis (devastado, en bata de mujer, suplica a Yolanda), Yolanda (regresa transformada, ropa nueva con etiqueta, "vayan a arreglarse"), Alfonso (chofer de Jin), la mujer altiva ("pregunta por Yolanda")

Lugares

  • Casa de Severino (Petyr atrapado, forcejeo Lex-Petyr, Severino usa Taumaturgia)
  • Calles de Nueva Babylon (Corbus caza al Isabelisimo, Roberto en las manos)
  • Penthouse de Jin (escena del espejo, eleccion de atuendo primaveral)
  • Loft de artistas (Yolanda regresa transformada, la etiqueta colgando)
  • Galeria de Leon Benedetti — Eliseo (convergencia: Corbus, Jin, Benjamin, Luis, Yolanda; fuente de sangre Tremere con asistencia Tremere; pinturas de Cain con sangre)

Desarrollo de trama

  • Dos jugadores nuevos se integran a la mesa: Hobiton con Corbus Aleri (Malkavian) y Yugo con Jin Midnight (Toreador)
  • Primer encuentro fisico Lex-Petyr: forcejeo violento, envuelto en su propia capa
  • Severino busca una ampolla de sangre que uno de sus gules robo — mision para Lex y Lunaria
  • Severino usa poder taumaturgico contra Petyr (sangre hirviente, ojos que hierven) y presencia que lo derriba de terror
  • Lunaria lee el aura de Petyr: antiguo, apagado, grietas negras — primera lectura Medium significativa
  • Petyr desaparece en las sombras tras rechazar ayuda — pero ahora sabe que Lunaria puede conectarlo con Severino
  • Yolanda regresa al Loft completamente transformada: ropa nueva con etiqueta, lenceria desconocida, actua como si nada paso
  • Benjamin nota las anomalias (3 exitos en investigacion) — seal de alerta sobre Yolanda; lleva la estaca oculta
  • Corbus usa Dementacion 2 Toque de Locura en el escritor en pleno Eliseo — sutil, sin romper mascarada
  • El collar de onix de Jin reacciona como brujula hacia la fuente de sangre con asistencia Tremere
  • Jin descubre que la fuente guarda residuo emocional del creador La Rosa, siglo XX
  • La mujer altiva le dice a Jin: "Pregunta por Yolanda" — pista que conecta hilos
  • Corbus y Jin llegan a una tregua incomoda: compostura a cambio de discutir las teorias del libro

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