Capitulo 7: La Chispa, el Principe y el Pacto Tremere¶
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Video: 4qfDidKulcE Lineas principales: Lex, Lunaria, Benjamin, Petyr
El amanecer del culpable¶

El matadero de Maipu — territorio de Artes
El primer rayo de sol entro como una sentencia.
No era una luz amable. Era una franja de oro podrido que se colaba por el hueco de una ventana rota, proyectandose en diagonal sobre el suelo de cemento manchado de sangre seca. La sangre era suya — o mas bien, la sangre era de los dos hombres que habia desgarrado durante el frenesi, y que ahora yacian en pedazos esparcidos entre las reses colgantes, entre los terneros descuartizados que seguian chorreando desde sus ganchos de metal.
Lex Aguirre desperto con el olor.
No fue una transicion suave. Fue el golpe brusco de la conciencia volviendo a un cuerpo que recordaba todo: los huesos aplastados bajo sus manos, el ruido humedo de la carne cediendo, la sed que no tenia fondo. El frenesi lo habia borrado como una ola borra la orilla. Ahora solo quedaba el sedimento — los fragmentos de lo que habia hecho.
Dos punks. Dos humanos que Artes habia apostado como guardianes, o como carnada. Era dificil saber la diferencia cuando la bestia interna tomaba el mando.
No habia tiempo para el horror. El sol avanzaba.
Tiro de supervivencia e inteligencia — dificultad siete, porque el dia ya no esperaba. Uno, dos exitos, apenas suficientes para lo que necesitaba: no escapar, no luchar, sino simplemente no arder. El instinto de depredador lo guio a traves del caos del matadero activo — vacas mugiendo detras de una puerta metalica, el sonido de los trabajadores que comenzarian el turno antes de que amaneciera del todo. Encontro la camara frigorifica. No estaba funcionando. Las puertas eran de metal grueso, con sellos de goma podrida y una manija interior oxidada. Tomo un hierro del suelo — un riel de los que usaban para colgar las reses — y lo atraveso en la manija.
Oscuridad. Frio de metal y grasa vieja. El letargo cayendo como plomo.
Antes de perder la conciencia, saco el telefono. La pantalla estaba rajada desde la pelea con La Chispa. Escribio con los pulgares torpes, los caracteres borrosos por la luz del letargo entrando en su cerebro:
"Atrapado en el matadero."
Lunaria, si lo recibia, sabria que hacer. O no sabria. Pero era lo unico que podia ofrecer antes de que el dia lo apagara.
Lunaria: la mujer con la estaca en el bolso¶

Amanecer — Lex encerrado, Lunaria en camino
Lunaria habia dormido cuatro horas. No porque pudiera descansar — sino porque su cuerpo habia colapsado sobre la cama con los zapatos puestos, todavia con el pulso acelerado de la persecucion nocturna.
La Chispa saltando de edificio en edificio. La sensacion de los brazos de algo que no era humano apretandole la boca en el callejon. Y luego Lex, apareciendo de la nada con su carisma imposible, intercediendo con palabras donde otro habria usado sangre.
Lunaria se desperto con ese recuerdo y con el telefono vibrando sobre la almohada.
"Atrapado en el matadero."
Cuatro palabras. No habia mas.
Se levanto, fue al bano, se lavo la cara. Cuando se miro en el espejo, era la misma cara de siempre — estudiante universitaria, fotografa aficionada, veintitantos anos, sin nada sobrenatural en los rasgos. Pero detras de los ojos habia algo que no estaba antes de que Lex le dijera lo que era. Un conocimiento que pesaba.
Fue al Bar Sakuragi antes de que abriera al publico y convencio al encargado de dejarla pasar al almacen. Las sillas estaban apiladas contra la pared. Agarro una por la pata y la golpeo contra el suelo tres veces hasta que la madera cedio. Con un pedazo largo y astillado en cada mano, tomo su tiempo afilando las puntas contra el borde de la barra de acero del bar. Dos estacas. Las envolvio en una servilleta y las guardo en su cartera, una a cada lado.
Luego salio a Maipu.
Tiro coraje — dificultad seis. Tres exitos. Caminaba con las manos dentro del bolso, los dedos sobre la madera. No corria. No miraba a los lados. Derecho al matadero.
Llego y vio la cinta.
Cinta amarilla de la PDI trazando un perimetro alrededor de la entrada. Dos detectives con chaquetas oscuras conversando con los trabajadores del turno de manana — hombres con delantales blancos manchados de sangre industrial, no de frenesi vampirico, aunque los dos se veian iguales desde afuera. Un tercer agente salia del interior con una bolsa de evidencia.
Los cuerpos. Ya los habian encontrado.
Lunaria retrocedio hasta la esquina, apretando los dientes. Desde ahi no podia ver si habia alguna salida lateral, ningun punto ciego. El matadero era un solo edificio bajo de bloque de cemento, sin ventanas en los costados, solo en la fachada principal donde ahora estaba la policia.
Se acerco. No con descaro — con la actuacion de una mujer joven preocupada por sus amigos, lo suficientemente nerviosa para que resultara creible. Sigilo mas destreza: cero exitos. Uno de los detectives la intercepto antes de que llegara a los dos metros de la cinta.
— Senorita, aqui no hay nada que ver.
Lunaria lo miro a los ojos. Su mente ya estaba construyendo la historia.
— Por aqui cerca se reunen unos amigos mios. Son pandilleros, no les responden los mensajes desde anoche. Me preocupe y vine a ver si sabian algo.
Expresion mas manipulacion. Tres exitos. El detective abrio la boca para responder — "Hemos tenido reportes de maleantes en la zona, pero no hemos visto a ninguno hoy..." — cuando una mano se poso en el hombro de Lunaria desde atras.
Una mano de hombre. Segura. Sin vacilacion.
El Tigre Gubernatti Gubernatti¶
La voz sono detras de ella antes de que pudiera girarse:
— Detective, no se preocupe. Ahora yo estoy a cargo.
El tono era de alguien que sabia que seria obedecido. No amenazante — simplemente seguro de su lugar en el orden de las cosas.
Lunaria se giro.
Por un segundo — un segundo breve, desorientador — creo ver a Leon Benedetti. El traje elegante, el porte de autoridad, el modo en que el detective lo miro con esa obediencia reflexiva que uno reserva para quienes no se cuestionan. Pero la impresion duro lo que dura un parpadeo. Este hombre era mas flaco. Menos guapo. Con el pelo mas largo y mal peinado. El traje le quedaba grande, como si lo hubiera heredado de alguien mas corpulento, y bajo la chaqueta habia una camisa que no estaba bien planchada.
Lo ridiculo del conjunto contrastaba de manera absurda con la forma en que los agentes de la PDI lo obedecian. El detective que habia estado interrogando a Lunaria simplemente asintio, hizo un gesto a sus colegas, y en menos de dos minutos el equipo entero habia recogido sus cosas y se retiraba del perimetro sin protestar, sin preguntar, sin siquiera mirar atras.
Frente a los ojos de Lunaria. Como si fuera lo mas natural del mundo.
El hombre se volvio hacia ella. Le sonreia con una expresion que queria ser encantadora y aterrizaba en el territorio de lo levemente perturbador.
— Ay, tu tienes que venir conmigo.
— ¿Quien es usted?
— Bueno — dijo, ajustandose el cuello de la camisa — me puedes decir... Tigre. Asi me gusta que me digan. El Tigre Gubernatti Gubernatti.
Pausa. El silencio de la manana llenando el espacio entre los dos.
— Me manda Leon.
Lunaria sintio el filo de esa frase. Leon Benedetti. El Sheriff de la Tarria. El hombre que habia redactado los cargos contra Lex. El mismo que habia ofrecido la salida del azote. La mano de Leon podia acariciar igual que podia apretar.
— ¿Que va a pasar conmigo?
El Tigre Gubernatti Gubernatti dio un paso hacia ella y le puso una mano en la cintura con una familiaridad que Lunaria no habia autorizado. Ella se la quito de encima.
— Ey — dijo el, sin alterarse — entre mortales tenemos que apoyarnos. Mas te vale estar en mi lado.
Mortal. La habia llamado mortal. No ciudadana, no sospechosa — mortal, la categoria con que los seres de la noche clasificaban a los humanos. Un ghoul. Sangre vampirica en sus venas, poderes prestados, lealtad comprada. Suficiente influencia sobrenatural para hacer que la policia obedeciera sin parpadear.
Y Lunaria estaba en sus manos.
— Ya lo fueron a buscar — agrego el Tigre Gubernatti, cuando ella miro la entrada del matadero. — Ya lo vas a ver.
Fue lo unico que necesito decir. Lunaria lo siguio.
Benjamin y el loft en llamas¶

La tarde en el Loft — Yolanda, Luis, Nicolas
Mientras Lunaria caminaba hacia lo desconocido en Maipu, en el Loft de artistas se estaba desarrollando otra clase de desastre.
Benjamin llevaba menos de una semana viviendo ahi. Lo suficiente para entender la dinamica, no lo suficiente para saber como maniobrar dentro de ella. Habia llegado porque no tenia donde quedarse — echado de su departamento, sin trabajo estable de fotografia, un llamado de Yolanda en el momento exacto. La comunidad de artistas habia parecido un refugio. Ahora parecia el interior de una olla de presion justo antes de que explota la tapa.
Luis llego del hospital a las cinco de la tarde. Entro al salon con la cara de quien ha estado conteniendo algo durante horas y ya no puede mas. Los demas estaban sentados — Nicolas con los brazos cruzados y la postura cerrada de quien espera pelea, Isaac con esa cara de cordero desorientado que llevaba pegada desde que entro al loft.
— Amigo — empezo Luis, sentandose — lamentamos que hayas visto asi a Yolanda. Quizas deberiamos haber estado atentos a los signos anteriores.
Pausa. Nadie sabia muy bien como seguir.
Benjamin aplico empatia y percepcion. Dos exitos. Lo suficiente para leer la sala: Nicolas estaba a punto de estallar, y no era tristeza lo que lo empujaba hacia ese borde — era rabia contenida, acumulada durante semanas. Luis estava en la zona de dolor genuino, el tipo que duele cuando algo que uno ama se rompe sin explicacion. Isaac estaba simplemente fuera de su profundidad, mirando de un lado al otro como si esperara que alguien le diera un libreto.
— ¿Que tiene? — pregunto Benjamin.
— Esta estable — dijo Luis. — La tienen sedada por los espasmos. Pero su salud ha empeorado.
— ¿Eso ya habia pasado antes?
El silencio que siguio fue elocuente. Nicolas se puso de pie.
— Todos se hacen los huevones.
No lo dijo gritando. Lo dijo con la precision de alguien que lleva tiempo esperando el momento.
— Todos la hemos visto como ella llega con moretones. Como llega las noches con uno, con otro, a veces con Luis. Y ninguno de nosotros esta haciendo nada para cuidarla.
Se levanto y empezo a caminar por detras del sofa, la energia nerviosa buscando salida. Luego se giro hacia Luis y le clavo el dedo en el hombro.
— ¿Que metiste tu?
Luis se paro de golpe. La tension electrica entre los dos llenaba el cuarto.
— Yo no soy la pareja de ella para andar teniendo que cuidarla.
— Pero le andas persiguiendo la raja, pues — escupio Nicolas — y encima te hacéis la victima. Eso lo llaman ser un migajero.
Lo que vino despues fue un intercambio de golpes — Luis conectando un combo en la oreja de Nicolas con esa coordinacion instintiva que tienen los que pelean con rabia legitima, Nicolas aullando que le habian golpeado el oido, que eso estaba en contra de las reglas, corriendo escaleras arriba gritando que lo iba a echar del departamento.
Benjamin se paro entre los dos mientras podia.
— ¿Pueden dejar de pensar por un momento con el pene y pensar realmente en que es lo que tenemos que hacer? Esto va mas alla de los lios de falda.
Luis lo miro. Lo miro de verdad por primera vez desde que habia llegado al loft. Luego agarro su chaqueta.
— Voy a ir a ver a mi mujer.
Y se fue.
Isaac llego desde la cocina, desorientado, justo cuando la puerta se cerraba.
— Yo pensé que eras tu su pareja — le dijo a Benjamin, con total inocencia.
Benjamin no respondio.
Lo que encontro en los libros¶
Con Nicolas arriba y Luis en el hospital y Isaac mirando al techo, Benjamin se sento a la mesa con los libros de medicina que habia comprado en una libreria de segunda mano durante la semana. El primero era un manual de clinica del siglo XX, bastante inutil. El segundo tenia mas historia que ciencia.
Inteligencia mas investigacion — un exito.
Suficiente para encontrar la pagina correcta.
Un texto del siglo XIX hablaba de episodios histericos, atribuidos entonces a desordenes del utero femenino — la palabra histeria derivada del griego para ese organo. El libro lo mencionaba como termino obsoleto, una curiosidad arcaica, una evidencia de como la medicina habia malinterpretado durante siglos lo que no comprendia. Pero habia una referencia mas antigua todavia, en el apendice dedicado a la medicina medieval:
Los demonios que visitaban a las mujeres por las noches — incubos segun la denominacion clasica — eran responsabilizados de los ataques que la epoca llamaba demoniacos o posesiones. Las victimas presentaban espasmos violentos, desorientacion, palidez extrema y perdida de sangre sin origen aparente.
Benjamin bajo el libro.
Espasmos violentos. Sedada en el hospital. Moretones que nadie queria ver.
Pensó en la levitacion que habia descrito el narrador — Yolanda gritando "tu no eres mi amo" mientras flotaba, intocable. Pensó en el edificio donde vivian todos y en lo que pasaba en los pisos de arriba cuando Luis no estaba.
Claramente esto va mas alla de lo que yo puedo cubrir solo. Quizas deberia pasarle el dato a estos idiotas.
Se guardo el libro y fue a la Biblioteca Nacional.
La Biblioteca Nacional — lo que no queria encontrar¶
El edificio estaba en el centro de Nueva Babylon, a pocos metros del metro Santa Lucia. Benjamin paso la tarde entera ahi, pidiendo acceso a fondos de archivo, rebuscando en estanterias que no estaban rotuladas para el publico general. Libros esotericos, sensacionalistas, novelas de terror que citaban fuentes reales, tratados medievales sobre demonologia y proteccion espiritual.
Ocultismo mas inteligencia. Dos exitos.
Encontro lo que buscaba y encontro algo peor.
El fenomeno de las visiones nocturnas, los ataques, la perdida de sangre inexplicada — habia sido atribuido a lo largo de los siglos a varias entidades: demonios clasicos, sucubos e incubos de la tradicion judeocristiana, y tambien — el tercer renglon de la lista, el que le bajo la temperatura de la sangre — a vampiros.
Tres opciones si el agente era un vampiro: victima directa, vampiro en transformacion, o criado de vampiro.
Benjamin volvio a la pagina. La victim directa presentaba anemia progresiva, episodios de disociacion, locura gradual. La sangre siendo drenada en pequenas cantidades, repetidamente, hasta que el cuerpo fallaba. Benjamin penso en el hospital. En los espasmos. En la palidez que todos habian notado pero nadie habia querido nombrar.
Tiro alerta mas astucia para revisar sus propios recuerdos sobre Yolanda. Un exito. Suficiente para recordar haberla visto a plena luz del dia — al atardecer, tomando cafe, con sol todavia en la ventana. Eso la descartaba como vampira activa. Pero no descartaba nada de lo demas.
Benjamin salio de la biblioteca con tres teorias y ninguna tranquilizadora. Paro en una ferreteria de camino al loft y compro madera de mango largo. La afilo en la mesa de la cocina con un cuchillo de sierra.
Cuando Luis llego mas tarde con Yolanda — todavia sedada, apoyada en su hombro como un peso que el cargaba con ternura y con miedo — Benjamin estaba en el sofa con la estaca atravesada sobre las rodillas, lijandola con papel de lija numero cuarenta.
Luis lo miro. Miro la estaca. No pregunto nada.
Subio con Yolanda sin decir una palabra.
Petyr: los sellos bajo la mugre¶

La cripta de Petyr — lo que siempre estuvo ahi
En las profundidades bajo Nueva Babylon, en la cripta que Petyr habitaba desde antes de que la ciudad tuviera ese nombre, el Nosferatu desperto y busco fuego.
Hacia siglos que vivia en ese espacio de piedra y libros y silencio. Conocia cada grieta, cada pila de manuscritos, cada marca en el suelo que atribuia a la acumulacion natural del tiempo. Esa noche, con una antorcha en la mano en lugar de la oscuridad a la que estaba habituado, el espacio se veia diferente.
Investigacion mas astucia — dos exitos.
El bajo relieve estaba en el centro de la camara. Siempre habia estado ahi. Bajo una pila de libros, bajo capas de mugre acumulada durante generaciones, los simbolos habian estado esperando que alguien los mirara con luz suficiente. Los mismos simbolos se replicaban alrededor del marco de la salida de la cripta — labrados en la piedra con una precision que no era decorativa sino funcional.
Ocultismo mas inteligencia — cuatro exitos. Una tirada brillante.
Taumaturgia Tremere.
Magia vampirica. Los Tremere — el clan de hechiceros que la Camarina trataba como aliados incomodos y los demas clanes como algo entre el respeto y el miedo — eran los unicos que practicaban esa disciplina con esa clase de precision. Los sellos formaban un sistema de dos cerrojos: el del piso bloqueaba algo que estaba debajo, en el nivel inferior al de la cripta. El sello de la salida bloqueaba la entrada al conjunto.
Petyr estudio las inscripciones durante un tiempo. Las palabras grabadas eran pronunciables, pero pronunciarlas sin conocimiento taumaturgico equivalia a intentar desactivar un mecanismo de relojeria con guantes de cuero grueso. Podia hacer dano. Podia abrir lo incorrecto.
Antes de actuar, busco en los libros de la cripta referencias que le dieran mas contexto. Academicismo mas inteligencia — tres exitos. Encontro un texto con citas sobre el umbral:
"El que no respira se otorga paso al que conoce su nombre, y devora al que duda su sombra."
Nombre. El umbral se abria para quien conocia el nombre del que habitaba abajo. Y la sombra de la duda era suficiente para que todo saliera mal.
No era el momento de improvisar. Petyr apago la antorcha y fue a ver a Galaz.
Galaz y la direccion al mago¶
La Ostra Azul — la guarida de Galaz en las alcantarillas — olia a humedad vieja y a algo mas dificil de nombrar, algo organico y metalico que recordaba que su habitante era Nosferatu. Galaz lo recibio con la indiferencia afectuosa que reservaba para el Nosferatu mas joven.
— Petyr, has vuelto. Traes noticias.
— Encontre algo en mi cripta. Sellos taumaturgicos. Son Tremere.
Galaz lo miro durante un momento antes de responder.
— Los Tremere son gente extraña que se rige por leyes bien extranas — dijo, como si estuviera citando algo que habia dicho muchas veces antes. — Pero puedes confiar en ellos. Dentro de ciertos limites.
Luego, en el tono practico con que los Nosferatu explicaban el mundo subterraneo:
— El regente Tremere se llama Severino Duarte. Ancilla. Gran Maestro de algo que los mortales llaman Gran Logia. Vive en el atico de un palacio cerca del Metro Moneda.
Pausa.
— Si te metes a la alcantarilla aca al lado, vas derechito. Veinte cuadras. Si ves una planta de tratamiento fecal, te pasaste.
Petyr tomo nota de las indicaciones y de algo mas que Galaz habia dejado caer en la conversacion, casi de pasada: la mencion de Fray Hernando de la Noche, y de Gael. Del Sabbat posiblemente operando en la ciudad. Petyr estaba en el centro de esas tensiones sin haber elegido estar ahi — su sire buscando un metodo para volver a ser humano, Galaz queriendo unirse a una rebelion, y él en el medio, sin suficiente informacion para decidir en quien confiar.
"Ese viejo nos cagio la vida, huon", habia dicho Galaz sobre Fray Hernando, con la furia de quien lleva siglos acumulando agravios. "Nos cagio la no-vida."
Petyr no respondio. Tenia demasiadas preguntas y no todas eran para Galaz.
Adam: el hermano que llega de noche¶
Mientras el resto de la coterie navegaba el dia, Adam habia estado esperando que llegara la noche. Toreador, vampiro que queria seguir pareciendo humano, hermano de Luis — el ser humano que tenia el don especialmente cruel de amar a personas que no le convenian.
Cuando oscurecio, Adam subio al Loft. Benjamin abrio la puerta.
— Buenas noches. Soy Adam. Hermano de Luis.
— Yo soy Benjamin. Un gusto.
— ¿Esta Luis?
— Esta arriba con Yolanda.
Adam espero en el salon. Desde arriba llegaban sonidos que preferia no analizar. Eventualmente Luis bajo con una bata de mujer y pantuflas rosadas, con la expresion de alguien a quien han interrumpido en algo importante.
La conversacion fue breve y practicamente funcional: Adam necesitaba el libro de visitas de la exposicion de arte de Luis, especificamente para identificar a dos personas que habian estado esa noche en la galeria — una mujer con camara y el hombre que la acompanaba. Luis ofrecio conseguirlo en quince minutos. Pidio treinta. Adam dijo que con treinta bastaba.
Mientras esperaba, Isaac llego a la sala y le ofrecio fotos que habia tomado durante la exposicion. Ahi estaban — borrosas en algunos angulos, claras en otros. Adam las guardo en su telefono y salio al poco rato con las imagenes y con la incomodidad de haber escuchado, una vez mas, los ruidos de un piso donde algo no andaba bien.
El Teatro Municipal — Juicio sin mercy¶

El Teatro Municipal — el concilio de la Tarria
Lex no supo como lo sacaron del matadero.
El letargo lo habia tomado como un muro cayendo, y cuando la conciencia volvio lo hizo de golpe — el saco de tela sacado de su cabeza de un tiron, la luz de lamparas escenograficas golpeandole los ojos, y el peso de una estaca atravesada en su corazon que lo dejaba completamente paralizado, incapaz de moverse ni de hablar.
Estaba en el Teatro Municipal de Nueva Babylon.
El escenario estaba vacio salvo por el, clavado en una silla como pieza de exhibicion. Frente a el, en la sala de butacas, habia vampiros. No los conocia a todos, pero reconocia lo que eran — la quietud de los muy viejos, la mirada de los que han visto demasiado para alterarse por casi nada. La Tarria en pleno, o algo muy parecido. El concilio de los clanes.
Escucho la voz de Leon Benedetti antes de verlo.
— Eduardo Artes ha creado un vastago sin consentimiento del principado.
— Por favor — dijo otra voz — no me andes chupando el pico, no me interesa el protocolo.
Lex giro la vista todo lo que la paralisis le permitia. La mujer que hablaba desde el centro de la primera fila era joven de apariencia — pelo claro, alta, palida, con una mirada que no era fria exactamente sino indiferente, que era peor. Leon carraspeó.
— Disculpe, principe.
— Adelante. Continua.
Principe. Mujer. El cargo no tenia genero — y la que lo portaba lo portaba con la soltura de quien no necesita probarlo.
Leon siguio, pero Lex noto algo que no habia notado antes en el Sheriff: una levedad en la voz, un matiz de tension en los bordes de cada frase, como si incluso Leon Benedetti — el hombre que habia caminado por la Tarria con la soberbia de los muy seguros — se midiera con cuidado delante de esta mujer.
— Se le ofrecio una via de salida. Y aqui esta.
— Bueno. Pero que hable.
Le sacaron la estaca del corazon.
La recuperacion fue instantanea y brutal — el cuerpo vampirico volviendo a funcionar todo a la vez, el dolor remontando y cayendo. Lex tuvo un segundo para orientarse antes de que la Principe se acercara. De cerca era mas perturbadora todavia — no por amenazante sino por la frialdad absoluta con que lo evaluaba, como se evalua un instrumento antes de decidir si conservarlo o fundirlo.
— ¿Donde esta la cabeza del Profesor Artes?
— Aun sobre sus hombros — dijo Lex.
— Entonces, Leon, deshaste de el. Esta fue la oportunidad.
Fue la palabra oportunidad lo que lo disparo.
— ¿A quien mas va a enviar? ¿A quien mas vas a mandar contra el?
Leon lo miro con el desprecio reservado para los que no entienden su lugar.
— ¿A quien le estas hablando, pendejo?
— Neonato — dijo la Principe, en un tono que no era una reprimenda sino una clasificacion — no sabes con quien estas hablando. Soy el Principe de la ciudad de Nueva Babylon. Bienvenido a mi dominio.
Lex hizo una reverencia. Torpe, aprendida a medias, pero genuina.
— Ya lo encontre — dijo — pero no lo pude matar. Con un poco mas de tiempo y oportunidad, se que puedo lograrlo. Me pidieron ser azote y eso estoy intentando hacer.
La Principe no respondio de inmediato. Lo miraba con esa expresion de quien calcula.
— Denme una oportunidad y sere el azote que necesitan. ¿Quien va a ser mas que yo? ¿Quien tiene la valentía aca? Me pusieron en una situacion imposible — contaminar un neonato que no sabe nada de este mundo, y aun asi lo encontre. Necesito mas gente, necesito respaldo. Necesito poder lograr esto y van a ver como puedo subir entre los rangos. No quiero estar sobre usted — quiero tener un lugar en esta sociedad. Ganarme una casa, ganar el clan. Ese viejo Artes no sirve para nada. ¿Que han hecho los Brujah durante estas ultimas decadas? Yo puedo llevarlos a la gloria.
Expresion mas manipulacion — cuatro exitos.
La Principe arqueo una ceja. Una ceja sola. Fue un gesto diminuto que en ese espacio cargado de politica vampirica equivalia a un discurso.
— Leon — dijo, sin apartar los ojos de Lex — no me dijiste que sabia hablar.
Silencio.
Luego:
— Mira, no me gusta desperdiciar musculo. No me gusta desperdiciar vastago. Tú sabes que en la Tarria necesitamos todos los brazos. Pero ningun vastago de Artes demostro tener un apice de valor. Ya que tienes la valentía de enfrentarte al Principe — dame una razon. Convenceme.
— Si fallo, el problema ya esta resuelto — dijo Lex. — De todas formas van a tener que buscar a alguien para cazarlo. Y yo ya se donde está.
Pausa larga. El tipo de pausa que en la sala de un concilio vampirico dura exactamente lo que el Principe decide que dure.
— Tú entenderas que como Principe yo te tengo que castigar. Si te dejara ir con una segunda oportunidad, me veria debil.
— Si me quieres castigar, recibire el castigo. Pero no creo que sea lo que la ciudad necesita.
— Yo no hago lo que quiero. Hago lo que esta ciudad se merece. Y tú no tienes la culpa de haber nacido en esta postvida — pero sí tienes la culpa de haber roto la Mascarada y haber dejado cadaveres colgando para que los encontrara la policia.
— Roto, quizas un ruido. Pero la Mascarada es un organismo vivo. Yo se que la policia ya borro las huellas, que ya no existe nada de esto. Yo se que la Mascarada funciono. Ustedes necesitan un azote que funcione dentro de las reglas y conozca los mecanismos.
La Principe no respondio a eso. Miro a Leon.
— Que pase el mortal.
Lunaria en el escenario¶

Lex y Lunaria ante el concilio vampirico
Los dos agentes que entraron desde los laterales del escenario llevaban a Lunaria maniatada con cable de plastico y con un saco sobre la cabeza. Se lo quitaron de un tiron.
Lunaria parpadeo contra la luz. Vio a Lex de pie en el escenario, sin estaca ya, pero rodeado. Vio la sala llena. Entendio donde estaba antes de que nadie se lo explicara.
La Principe se acerco a ella con la misma expresion con que habia evaluado a Lex — algo a medio camino entre el interes clinico y el aburrimiento soberano. La agarro del pelo, sin brusquedad excesiva pero sin gentileza tampoco, y la tiro al suelo. La tuvo agarrada ahi, de rodillas, el pelo tenso, mientras hablaba.
— Vamos a tener que hacer algo con tu mascotita, ¿cierto?
— Disculpa, mascotita — repitio Leon desde su asiento, saboreando la palabra.
La Principe le clavo una mirada lateral que lo hizo callar.
— Necesito castigarte — le dijo a Lex, sin soltar a Lunaria. — ¿Como te voy a ensenar a no dejar cadaveres colgando en un matadero? Es una dificil leccion. Yo soy un Principe, no un maestro. Necesitamos un castigo ejemplar. ¿Que deberiamos hacer con ella?
Lex miro a Lunaria en el suelo. Miro a la Principe.
— Castigandome a mi. ¿Quien es ella? Para mi es una humana.
— Te acabas de salir olimpicamente de tu castigo y ahora me dices que te castiga a ti. No seas ridiculo.
Lo que vino despues no fue una resolucion sino una suspension. La Principe solto a Lunaria. Se puso de pie. Miro a ambos durante un momento que se extendio mas de lo comodo.
— Lo que vamos a hacer con Lunaria lo veremos despues de conversar con otros asuntos. Por ahora — te concedo la segunda oportunidad. No por ti. Por lo que esta ciudad necesita.
Lex no dijo nada. La Principe tampoco.
Esa noche, el Teatro Municipal devolvio a sus ocupantes a la oscuridad de Nueva Babylon, cada uno cargando su parte del peso. La Mascarada seguia en pie — por ahora, por esta noche, por esta decision fragil sostenida sobre el pulso inconstante de un neonato Brujah que todavia no entendia del todo en que mundo habia caido.
Personajes presentes¶
- PCs: Lex, Lunaria, Benjamin, Petyr, Adam
- NPCs: El Tigre Gubernatti Gubernatti (ghoul de Leon, autoridad sobre la policia, "entre mortales tenemos que apoyarnos"), Luis (baja del hospital con Yolanda sedada, se pelea con Nicolas), Nicolas (explota — "todos se hacen los huevones", termina huyendo llorando), Isaac (llega al salon, fotografia de la exposicion), Galaz (direcciones a Petyr para encontrar a Severino Duarte), Yolanda (sedada, regresa al loft con Luis), La Principe (conduce el juicio con tono frio y vulgar), Leon Benedetti (presenta los cargos, tono tenso frente a la Principe)
Lugares¶
- Matadero de Maipu (Lex encerrado en camara frigorifica, PDI investigando los cuerpos)
- Calleja cerca del matadero (El Tigre Gubernatti Gubernatti disuelve la PDI)
- Loft de artistas (reunion por Yolanda, pelea Luis vs Nicolas, Benjamin investiga)
- Biblioteca Nacional de Nueva Babylon (Benjamin busca referencias sobre incubos y vampiros)
- Cripta de Petyr (sellos taumaturgicos Tremere descubiertos)
- La Ostra Azul — guarida de Galaz (indicaciones sobre Severino Duarte)
- Teatro Municipal de Nueva Babylon (juicio ante la Tarria, la Principe)
Desarrollo de trama¶
- Lex mata a dos punks en frenesi durante la sesion anterior — la PDI investiga el matadero a plena luz del dia
- El Tigre Gubernatti Gubernatti aparece como ghoul de Leon con influencia sobrenatural sobre la policia — primera aparicion del personaje
- Lunaria es llevada al concilio vampirico en el Teatro Municipal, maniatada y con saco en la cabeza
- Lex consigue una segunda oportunidad ante la Principe gracias a una arenga Brujah improvisada — cuatro exitos en expresion mas manipulacion
- La Principe establece su tono: directa, vulgar, sin protocolo, fria — la maxima autoridad de la Tarria
- Yolanda diagnosticada por Benjamin como posible victima vampirica: anemia, espasmos, visitante nocturno
- Nicolas y Luis se pelean fisicamente por la situacion de Yolanda — la fractura del loft sale a la superficie
- Petyr descubre sellos taumaturgicos Tremere en su cripta — dos cerrojos que requieren conocimiento magico para activarse
- Galaz dirige a Petyr hacia Severino Duarte, regente Tremere, cerca del Metro Moneda
- Adam contacta a Luis para obtener el libro de visitas de la galeria — busca identificar a Lunaria y Lex